5SAR09 AL BORDE


La Semana del Arte en Rosario ha ido mutando desde su primera edición en varios aspectos: creciendo, desde ya, pero también repensándose, poniendo a circular el pensamiento que la lanzó a la ciudad para que vuelva sobre sí misma modificándola; desde la aprehensión -creciente y, a la vez, diferencial- del espacio urbano, pero también de su expansión espacial hacia otras localidades de la provincia de Santa Fe, lo que comenzó a hacerse cierto en la última, llevada a cabo en octubre del año pasado.

Cada vez mostrando límites -más o menos provisorios, más o menos traspasables. Zonas que se iban definiendo (dibujando) en la medida en que la propuesta era puesta en acto y que recortaban espacios conceptuales, metodológicos, operacionales y también geográficos que parecían estar -o estaban, desde la pertenencia- dentro/fuera del proyecto.
Insisto: provisorios, traspasables.

Bordes, mejor.
Los límites separan dos cosas bien definidas: membranas, fronteras, muros, diques, barreras que están ahí para demarcar territorios -no sólo espaciales o geográficos, sino de todo tipo y con todo lo que connotan, contienen y conllevan, desde idiomas o lenguas, hasta sustancias químicas, desde culturas diversas hasta propiedades y singularidades. También, por supuesto, conductas y comportamientos.
En ese sentido, en muchos de esos casos es bastante incierto si el límite se construyó a partir de esas disimilitudes o éstas se produjeron en torno al límite.

Por eso: el borde.
El borde tiene que ver con un lugar en que situarse sin poder estar de lleno ahí. Pero no porque lo que hay de un lado termine allí para que comience otra cosa.
En algunos casos sí.
El borde demarca, pero lejos de limitar, propone. El borde pide el paso, el movimiento, el cambio.

(La idea, es cierto, surgió del concepto de límite: por un juego, una ocurrencia, casi un chiste. Con la experiencia de lo enriquecedor que resultó -para las invitadas tanto como para la organizadora- llevar el evento a otras ciudades, pareció inevitable plantear el desafío de  prolongar Semana del Arte hasta los límites de la provincia. Los límites devinieron, casi inmediatamente borde, ese lugar del que todavía no podemos dar cuenta, hasta haber ido.)

Por supuesto.
Borde dejó -también casi al instante- de ser un modo de plantear la geografía de la 5SAR09 para colocarse como bucle retroactivo y regenerativo (para decirlo en términos morineanos) de esa máquina que lo había producido conceptual y operacionalmente.

Queremos pensarnos en el borde.
Es un momento oportuno.
Queremos pensar el evento y la ciudad en el (al) borde.
Queremos que las ciudades a las que proponemos unirse a Semana del Arte piensen (se piensen en) el borde.

¿Qué borde?
Un borde con muchos lados y con muchos ángulos.
Pero sobre todo con muchas definiciones y puntos de vista.
Pensar bordes como el que existe entre lo público y lo privado, sobre todo en localidades pequeñas -e insisto una vez más, antes de escuchar que eso ya ha sido pensado hasta el infinito, no el límite, sino el borde-.
El borde entre el arte y su otro (¿la publicidad?, ¿la ciencia?, ¿la filosofía?, ¿la vida?, ¿la satisfacción? ¿el deseo? o ¿viceversa?)

En fin, el borde (y los bordes del borde).

 

NOTA: ROSARIO Y MÁS ALLÁ

Parafraseando a Fito Paez, se podría decir que “Rosario siempre estuvo al borde”.
Ese estar al borde se sintió, durante mucho tiempo, como carencia, como falta, Rosario como no-lugar frente a lugares muy fuertemente establecidos.
Una ciudad demasiado cerca de Buenos Aires como para no sentir su influencia y su magnitud.
Durante mucho, mucho tiempo, Rosario, que fue -desde siempre- una ciudad productora de cultura y de singularidades en ese campo, parecía ser el lugar del que había que irse para poder “ser”.
Ciudad nacida casi por azar -podría haber estado en cualquier otro lugar del camino-, sin un fundador, sin ese instante preciso de alumbramiento en el que alguien declara (performativamente) que ha nacido ese -y no otro- lugar (hecho fundacional y fundante).
Rosario no.
Por otro lado.
Esto ha provocado que Rosario tuviera que situarse (quizás paradójicamente)1 en un espacio sin identidad precisa, no marcado por algo que lo distinguiría de cualquier otro.2
Hoy, momento en que Rosario emerge en el lugar de la mirada del otro (desde hace algún tiempo esto ha empezado a tomar consistencia) como ciudad deseable, no se puede no pensar (no sentir) que -probablemente- esa falta, esa carencia es lo que la ha construido, ciudad al borde y en el borde, geográfica, histórica y conceptualmente.
Desde allí, difusora.
Pero, ¿qué es lo que hace a Rosario tan diferente, tan atractiva?3
Por eso la frase-marca de Semana del arte al borde: “Pero, ¿qué es lo que hace a Rosario tan diferente, tan atractiva?” que va a poblar la ciudad4 desde diversos lugares (siempre al borde de la calle) y que es, a la vez, el homenaje a pensamientos (producciones artísticas) como el de Richard Hamilton y el de Edgardo Giménez, Dalila Puzzovio y Carlos Squirru, que transformaron límites en bordes.

Roberto Echen
Director Artístico Castagnino+macro




1    A otra escala, esto también ha ocurrido a la Argentina como país.

2    Incluso, por el hecho (cercano al double bind) de ser la ciudad más importante de la provincia sin ser la capital.

3    En uno de esos almuerzos en los que se gestó la 5SAR09, hablando de este fenómeno reciente con Graciela Sacco y Fernanda Calvi, Graciela comentaba el hecho de que “los porteños” se preguntaran qué tiene Rosario que hace que siempre se quiera volver.
           Entonces pensamos que había que trabajar ese hecho para Semana del arte. Al tener, la edición rosarina,  como constitutiva (porque nació en el borde -desde su lenguaje y su situación-) la obra “Pero, ¿por qué son tan geniales?” me vino a la mente otra, emblemática y fundante (que emergió desde un  borde similar): “Just what is it that makes today's homes so different, so appealing? que marcó el inicio del pop-art inglés.

4    Hemos decidido ofrecer esa frase a todas las ciudades participantes de la 5SAR09 para que se la apropien: que cada ciudad se postule como tan diferente, tan atractiva desde la uniformidad de un cartel y una tipografía (un mero cambio de nombre diría la singularidad) coloca la posibilidad de una instancia de reflexión respecto de la diferencia, de la que seguramente puede emerger eso que hace -para quienes lo experimentan- a una ciudad (u otra cosa) tan diferente, tan atractiva.

 
         
         
         
     
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